Poeta homenajeado en el 26º Festival Internacional de poesía de
Medellín.
Arthur Rimbaud realizó casi toda
su obra en un período de cuatro años. El que hoy es considerado el poeta que
cambió para siempre los esquemas de la poesía, el que liberó los versos y se autodenominó
“veedor”, tenía apenas veinte años cuando abandonó la literatura. Su vida
estuvo marcada por las contradicciones. De pequeño fue un niño prodigio,
obediente, premiado en la escuela, que dominó el latín al a perfección desde
muy pequeño, pero en su alma se forjaba ya el deseo de escapar y ser libre, de
huir de un hogar roto. Su padre fue un
militar al que sólo llegó a ver
esporádicamente y que eventualmente los abandonó por completo. Su madre siempre
fue dura e intolerante.
Rimbaud intentó escapar de su
hogar por primera vez a los quince años, pero la empresa se vio frustrada entre
otras cosas por la Comuna de París. Regresó a
Charleville, donde quedaba la granja de su madre y se dedicó a escribir
sobre el ansia de escapar, sobre el deseo de romper con todo, sobre el espíritu.
Rimbaud estaba convencido de que había un aspecto desconocido del alma humana
que sólo algunos podían percibir y en esa búsqueda centró su obra. La “libertad
libre” como la llamó, cosa que también se unió a su anarquía política, su
desdén por la monarquía y su constante burla de los burgueses.
Entre 1871 y 1873 Arthur Rimbaud
vivió un romance con el también poeta Paul Verlaine. Fue una relación
desenfrenada, marcada por el exceso constante. No tuvieron reparo en demostrar
su afecto en público y causar escándalo, hicieron poesía juntos que la gente condenó
como vulgar y llegaron incluso a hacerse daño con cuchillos. Rimbaud además torturaba
a Verlaine por su aspecto físico y lo llamaba parte de su experimento de
saturación de los sentidos. Finalmente en 1873, Verlaine amenazando con
suicidarse lo hirió en el brazo con un
arma. Rimbaud regresó a casa de su madre y fue entonces que escribió el poema
en prosa: Una temporada en el infierno. Su último trabajo, Iluminaciones, lo
compuso casi inmediatamente, el mismo Verlaine se encargaría de publicarlo.
El por qué Rimbaud dejó de
escribir poesía siempre será un misterio. Una respuesta que quizás ni él mismo
hubiese podido dar. Por qué escribimos poesía y cómo lo hacemos es algo que va
más allá de la técnica, lo que no quiere decir que esta no importe o sea superflua.
En el caso de Rimbaud antes de dedicarse a desafiarla y quebrar sus paradigmas
la dominó completamente. Escribir poesía no es sólo una manera de decir las
cosas o de pintar imágenes con palabras, es plasmar lo que hay en el alma de
quien la compone. La poesía nace cuando se gesta en lo profundo del alma una
idea, una verdad propia que hay que decir al mundo. Es una necesidad. Una
urgencia. El producto de la reflexión y de la pasión, incluso de la represión.
A veces de todo junto.
Rimbaud fue un poeta que habló
por lo humano y desde lo humano. Con su poesía diseñó el laberinto de su
búsqueda. Un laberinto en que nos hemos perdido sus lectores, reconociendo en
sus palabras el lenguaje de nuestra propia alma. Quizás su experiencia lo agotó
y por eso dejó la pluma. Arthur Rimbaud terminó sus días como un hombre
retraído y callado que amasó una fortuna nada despreciable como comerciante en
África. Murió a los treinta y siete años de un cáncer en la pierna.
El legado de Rimbaud vas más
allá de las dimensiones de su trabajo, de la capacidad atemporal de
conmovernos, de empujarnos a pensar y a buscar dentro de nosotros mismos.
Quizás sea imposible definir lo que es la poesía, y si a ver vamos poco importa
hacerlo, lo que importa es que la poesía ayuda a darle forma a lo indefinible.
La poesía nos reconcilia con nuestro lado oscuro y le da más impacto a nuestros
momentos de brillo. Su poder insospechable nos enseña a amar y canaliza la
rabia. No resuelve nada, quizás, pero sí aplaca el miedo. La poesía es como la
vida. Un gran viaje. Rimbaud fue y siempre seguirá siendo una nave. Ebria como
su barco, en el que viajamos a nuestras propias profundidades.

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