“Los
Talibanes del Libro Corto” es una expresión de mi amigo José Humberto para
definir a los miembros de nuestro grupo de lectura que se rebelan ante los
libros largos. La longitud de los libros siempre será un tema. Sobre todo hoy
en día en que el genio de 140 caracteres se venera como la nueva metamorfosis
de Zeus. Tiene que ser rápido. Tiene que haber gratificación instantánea
literaria. Puede ser. Yo la verdad prefiero no meterme entre los gustos
de los lectores. Ni las rutinas. Ni las necesidades intelectuales. Pero para mí
la longitud de un libro tiene que ver con algo que va mucho más allá del número
de páginas. Hasta podríamos llevarlo al alcance que tiene en la vida de lector.
Hay libros que aún al haberlos recorrido de tapa a tapa no has terminado de
leerlos. Hay libros de 500 páginas que se acaban en dos días. Hay libros de 150
que son como el Kilimanjaro, y no hay quién te cargue hasta arriba. Hay otros
que son como pretender competir con un cohete. Hay libros que
vuelan solos.
En Ama-Gi
estamos leyendo La Montaña Mágica de Thomas Mann. La edición de Edhasa en español
tiene 1048 páginas. Se suponía que la reunión iba a ser en septiembre, pero por
primera vez accedí a que saltáramos un mes a ver quién lograba terminarlo. No
se trata de una competencia. No es un maratón. Ni hay una medalla. Pero a veces
los lectores necesitan algo de espacio. Ha sido todo un experimento. Hay quien
lo termina por determinación. Quien lo logra por hábito. Por curiosidad. Por
necesidad. Quien se rinde, tira la toalla. Me sospecho que alguno ha hecho una diana con mi cara y lanza dardos.
Lo mío fue una mezcla, no voy a mentir. No sé cuánto hubiera tardado de no haber tenido que escribir sobre él y hablar sobre él a un grupo de gente. Pero ahora que reviso las páginas pienso: esto es una maravilla.
Yo amé ese libro.
Y lo sigo amando.
Lo mío fue una mezcla, no voy a mentir. No sé cuánto hubiera tardado de no haber tenido que escribir sobre él y hablar sobre él a un grupo de gente. Pero ahora que reviso las páginas pienso: esto es una maravilla.
Yo amé ese libro.
Y lo sigo amando.
Lo que quiero
decir con este post es: no se alejen de los libros a causa de su grosor. No
teman los libros de gran envergadura. No le tengan rabia porque es un reto, o
de tiempo, o de pensamiento. Porque es lento. O distinto. Porque tiene cosas
inesperadas o partes que hay que saltar. La lectura es libertad y gusto.
También es reto. También es probar cosas nuevas – qué curioso que un clásico
sea algo nuevo – y salir de la zona de confort. La lectura es viaje. Y de vez
en cuando hace falta un viaje largo.
El viaje de Thomas Mann es al pasado. Al infierno. Al ser humano. A lo que
fuimos. A la Europa de la Preguerra y al mundo de hoy en día. Más vivo que
nunca. Muchos estamos en la Montaña y no lo sabemos.
¿Y
ustedes tiene por ahí algún libro de gran envergadura?
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