Como sucede con cualquier amor, los que uno más atesora son
lo que más le cuestan. Al menos esa soy yo dentro de mi tendencia, por no decir
naturaleza masoquista -mi analista dixit. Recuerdo un libro de Dmitri
Meherekovky, El Romance de Leonardo. La historia novelada de la vida de
Leonardo Da Vinci. De las cosas más bellas que he leído. Una de mis novelas
favoritas. Comencé a buscar ese libro en 1997. Lo encontré en Italia en el
2000, pero en Italiano, cosa que no me sirvió de mucho. Luego encontré una versión
antigüa por Amazon, dos años más tarde, pero en un inglés complicado y denso,
aunque con unas ilustraciones muy bellas. Finalmente lo encontré en el lugar
menos pensado, El Corte Inglés en Madrid. Era una edición muy común, de
bolsillo, que estaba en una torre que subía desde el suelo, muy cerca del
supermercado. A veces las cosas más poéticas suceden en los lugares más
cotidianos. Devoré el libro con un placer indescriptible.
Ahora busco dos libros más del mismo autor:
1.
Pedro El Grande.
2.
La
Resurrección de los Dioses.
También estoy buscando, entre otros, algo casi imposible de conseguir en
Venezuela.
3.
La llama doble de Octavio Paz.
4.
El hombre que amaba los perros, de Leonardo
Padura
Quisiera un poemario de José Emilio Pacheco. Pero prefiero que
los poemarios lleguen a mí. Como si cayeran del cielo o algo así. Como por una
especie de ley de la vida, que la poesía te llega cuando te tiene que llegar.
Ella te escoge a ti, no a tú a ella. Porque así me siento cuando la escribo. Al
menos cuando escribo algo que parece poesía porque no soy poeta. Siento que las
palabras me escogen. Chocan conmigo y no las puedo olvidar. Cuando pienso en un
verso que luego olvido porque no lo pude escribir considero que era como una
nube pasajera. No fue lo suficiente para existir.
Amo las cacerías de libros. Sobre todo amo lo que encuentro
cuando los estoy cazando y la gente que conozco. Además las cacerías de libros
alimentan ese sueño que tengo de algún día ser la dueña de una librería.
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