Si
fuera en este momento profesora de literatura de tercer año entraría a la clase
y le diría a mis alumnos, dejen todo lo que están haciendo, olvídense de las
matemáticas, (solo por un rato, no vamos tampoco a echarle a perder todo al
profesor de matemáticas, sólo porque yo soy mala con los números no quiere
decir que los números no son importantes), olvídense del deporte, y sobre todo
de cualquier basura televisiva que estén viendo, Crepúsculo o la última serie
de vampiros o los Juegos del Hambre, o del sueño, o de la flojera mental. ¡Vamos
a leer: Soldados de Salamina de Javier Cercas!
Imagino
que mi anuncio será seguido por una especie de suspiro resignado, y luego las miradas regresarían a sus teléfonos o al compañero al que le estaban contando la última debacle amorosa digna de un libro de mitología griega. Así son los salones de adolescentes que no entienden el entusiasmo de una profesora, de la que seguro
se burlaran en sus recreos por el exceso de emoción al dar la clase. No por
nada. No me lo tomaría personal, no solía hacerlo cuando daba clase
precisamente en bachillerato. Entiendo que es casi el deber de un alumno
caricaturizar al profesor, es parte de la búsqueda de la identidad, porque en
algún momento alguno, se identifica con ese que hace todo su esfuerzo y vence
todo su miedo por transmitir una idea, con convicción y pasión.
Es
por esa razón que me tomaría la molestia de compartir con inusual alegría este
texto. Lástima que no estoy dando clases, porque no puedo hacerlo, pero al
menos por esta vía puedo compartir con padres y maestros esta idea. No. No es
tanto esta idea. Estas ganas.
Creo
que Soldados de Salamina es un libro que todo adolescente debe leer. En primer
lugar, no hay vampiros. No es que tenga nada en contra de los vampiros, la
verdad. Simplemente creo que estamos saturados de vampiros que chupan sangre y
se enredan en melodramas. En Soldado de Salamina hay sangre también, pero es de
otro estilo. Es justamente de la clase de sangre de la que uno tiene que
hablarles a los jóvenes desde temprano.
¿Qué
significa un derramamiento de sangre? ¿Qué es una guerra? ¿Quién la vive? ¿Cómo
se vive? ¿Quiénes son los actores principales? ¿Cuál es el rol de un solado? Lo
que es más, ¿Cuál es el rol de un bando? ¿Qué significa defender una idea, un
principio? Más allá, una ideología. ¿De qué sirve? ¿Es realmente la mejor idea
tomar las armas? ¿Cuándo no hay más remedio?
Otras
preguntas de las más importantes: ¿Qué quiere decir eso de que “siempre termina
siendo un pelotón de soldados el que termina salvando la civilización”.?
¿Qué
es un héroe? ¿Quiénes son los héroes? ¿Cómo es un héroe? ¿Cuándo se hace un
héroe?
¿Quién
gana las guerra? ¿Quiénes las pierden? Y ¿cómo se declara eso? Más allá de un
tratado firmado por las partes involucradas.
Soldados
de Salamina es un libro necesario en esta época en la que vemos tanto cinismo
de parte de políticos acartonados, que dan palmadas en las espaldas de viejos,
cargan niños, prometen cosas que saben, en el fondo saben que no pueden
cumplir, o peor, no tienen ni idea cómo pueden llegar a cumplirlas, y asumen
que asegurándole a la gente que no tendrán que sacrificar nada por una vida
mejor se ganarán un voto de confianza, que no los ata nada, que no supone
ninguna deuda, mucho menos moral, sino que más bien sirve de puente para una
carrera personal, para asegurarse el futuro propio, porque las promesas que les
importan son las propias, y están acostumbrados a mentir y a hacer tragar
mentiras, a evadir responsabilidades, y a nunca decir la verdad. No son todos,
pero sí una gran mayoría.
Creo
que los jóvenes tienen que crecer con estas preguntas en mente, porque sea lo
que sea que terminen haciendo en la vida, lo importante es que entiendan que el
futuro del mundo está en sus manos. Pasamos años convenciéndolos de que son muy
pequeños para hacer una diferencia, al menos eso es lo que está en los medios
allí afuera. Todo es muy difícil, y nunca eres suficiente, sobre todo porque no
tienes suficiente. Porque la voluntad no es suficiente. Creo que es al revés,
creo que la gente debe darse cuenta del poder que tiene. Sobre todo aquellos
que viven realidades terribles y se frustran porque piensan que no pasa nada,
porque están esperando un héroe, un mesías, cuando la realidad es que tienen
mucho más poder del que piensan.
Más
allá de eso, creo que es un buen libro para abrir un debate sobre la
nacionalidad y el sentido de pertenencia, y la vida en un lugar en el que se
respeten las ideas. Porque una de las cosas más bellas de este libro es cómo lo
protagonizan, con sus defectos y virtudes hombres de ambos bandos, y en cierta
forma, a través de indagar en su humanidad se van borrando esas líneas.
Algo más. En Soldados de Salamina, está la construcción de un libro. La búsqueda de un escritor que todavía no haya bien su voz. Sus fracasos. Sus dudas. El apoyo que encuentra en otro escritor, y como estos van casi de la mano. Como la vida de uno se cruza con la de otro y con un par de palabras uno tiene de pronto una imagen nueva de sí mismo. Como un hombre se decide a tomar un camino que desde hace tiempo sabía suyo, pero que no sabía cómo tomarlo. ¡Joder! No hay adolescente que no pase por ese huracán de verse escupido por un sueño que el mundo le grita inviable. No hay despertar más duro que el del rechazo y dudar de uno mismo. Sobre todo en sistemas educativos que aún no se deshacen de viejos paradigmas. Todavía hay mucho niños escuchando que todo es imposible de boca de hombres y mujeres que se sienten frustrados porque creen que dar clases es la tarea de quienes soñaron algo y no lo lograron.
Soldados de Salamina es una invitación al riesgo. A seguir adelante. Yo. Que escribo mis libros y estas entradas sin que nadie me lo hay pedido lo entiendo perfectamente. Y cómo me gustaría decirle a un grupo de jóvenes, que afortunadamente nos soy la única.
Es que lo
mejor de todo. Es una historia real. Así que si yo fuera profesora de
literatura, entre otras cosas, hablaría con el profesor de historia, porque a
pesar de que siempre estas dos disciplinas van muy cerca, en esta oportunidad
son una sola.

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