Un
ejercicio que nunca terminaré de hacer es mi biografía literaria. La biografía
literaria: Esos libros que te han formado en el oficio de
lector. Porque como todo hay una práctica, cosas que uno va a
aprendiendo, y una identidad propia de lectores, que claro está, viene de la infancia.
Si nuestros padres leía, no leían, si un maestro nos humilló delante de la
clase porque no recordamos el título de tal o cual libro del que además dependía
la nota de todo un semestre, o si al contrario, nos encontramos casi sin
entender como, brillando en la clase de literatura, aunque tal vez de un modo
imperceptible para el resto de la clase, pero que nos llevó a forjar una
relación muy íntima con un profesor a quien ahora recordamos como una de esas
personas que nos llevó a los libros.
Yo digo
que uno no termina, el menos en mi caso, porque cada vez que pienso que la
tengo en orden aparece algo nuevo. Por ejemplo sucede que hace poco recordé los
libros de Enid Blyton. Y no fue por otra cosa sino porque rebuscando en casa de
mi mamá, de pronto salió de una estantería en la que no tenía por qué estar,
así como salieron luego unos libros de National Geographic sobre nutrias y
topos, y entonces recordé que aunque mi inglés era pésimo, y no entendía la
mitad de las palabras, yo trataba de devorarlos, y con razón me encantan las
nutrias y los topos, me traje los libros para mi casa, y le dije a mi hija
vamos a leer sobre nutrias, y claro, ella no me paró ni medio.
El caso
es que la relación con los libros es muy personal. Pero con el tiempo, si uno
lee mucho sobre todo, uno va perdiendo la relación con esos primeros libros.
Así como se aburrió de ir al zoológico, al circo, aunque a esos dos me cuesta
ir por otras razones, es raro que los adultos vean comiquitas porque sí, o que
vayan a un parque a montarse en los columpios. Es parte de la vida. Uno
trasciende y cambia de etapa. Hasta que te conviertes en padre y entonces es
como si vivieras de nuevo.
Cuando salí en estado de mi primera hija un día vi anunciado un taller
de literatura infantil y juvenil con Mireya Tabúas y me dije, yo quiero
aprender de esto, a ver si le escribo un cuento, o le leo los cuentos
correctos. Porque mi esposo y yo le leíamos a la barriga y no nos gustaba lo
que leíamos. Me dije hay más que aprender de esto, no es cualquier animal,
cualquier princesa y ya, hay algo que aprender.
Y sí
que lo había. Debo decir que ese taller es de los mejores que he hecho en toda
mi vida. Fue un gran placer, y una experiencia muy enriquecedora. No sólo por
los compañeros y la profesora, sino por el hecho de haber derribado ese muro de
superioridad que suele haber entre la literatura “seria” o de “adulto” y la
infantil y juvenil.
Que sea
infantil, que esté dirigida a los niños y jóvenes como lectores inmediatos no
quiere decir que sea menos profunda, menos compleja, no quiere decir que nos
sea ajena. Todo lo contrario. Hay libros que mientras más los
leo, más entiendo la cantidad de significados que tienen y las lecturas que un
adulto le puede dar no sólo para poner orden y encontrar empatía frente a
sentimientos y emociones, sino para ayudarnos a entenderlos.
Amor.
Tristeza. Prejuicio. Soledad. Ruptura. Depresión. Distancia. Felicidad.
Amistad. Silencio. Miedo. Poder. Idealismo. Heroísmo. Lealtad. Valentía.
Honestidad. Mentira. Arrepentimiento. Búsqueda. Pare usted de contar lo que se
consigue en la literatura infantil, desde los cuentos de Andersen, desde mucho
antes. Y no es algo casual. Es porque los niños lo viven también. Lo viven como nosotros. No porque son más pequeños son menos intensos.
Yo comparto
estos libros, y les digo, muchos de ellos no son sólo para los niños, son
también para los padres. Si algo me enseñó la literatura infantil es a leer sin
prejuicio. Tal vez uno los tiene, con o sin razón. Los bestsellers. La
autayuda. Uno también aprende a encontrar excepciones incluso en los ámbitos
que más rechaza. Lo importante como lector es tener la mente y el corazón
abiertos, porque si no las historias caen en saco roto. Después de todo para
eso es la lectura, para el pensamiento crítico, para ayudar en la reflexión y
le evolución. Los lectores que dan vuelta sobre su propio eje y son lectores
planos toda la vida, es raro que trasciendan como personas. Lo sé, porque lo he
visto.
Yo
comparto estos libros porque creo que son fundamentales para la vida. Para la
de mis hijos, ¡Claro!, pero para la mía también. Como padres, maestros y
promotores creo que el punto de partida, no es tanto elegir el libro que les
guste a ellos, sino leerlos y compartirlos nosotros. La pasión es contagiosa.
La emoción es contagiosa. La empatía es contagiosa. Nada como encontrarse con
un niño en el terreno común de un sentimiento complejo. El miedo por ejemplo.
La incertidumbre. Sólo porque nosotros les resolvemos muchos problemas de la
vida diaria, no quiere decir que la vida de ellos es menos compleja. Yo todavía
recuerdo el terror que me producía el colegio, la llegada por las mañanas. Se
parece mucho al que siento hoy en día por otras cosas.
En todo
caso. Los invito a leer alguno de estos libros, y voy a recomendar también
desde la óptica adulta. El poder de un libro no se puede subestimar jamás.
Cuando pienses que un libro no tiene relevancia porque no le llega a las masas,
o es complejo, o es aburrido piensa que las religiones lo primero que hicieron,
fue hacerse con un libro. Es el camino. Nunca subestimes un libro. Mucho menos un libro escrito para un niño. Después
de todo tú también fuiste uno. Tal vez, si tienes suerte, de vez en cuando,
sigas siendo.

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