Ayer tuve que dejar de leer un libro. No fue fácil por dos
razones, la primera es que tenía mucho tiempo queriendo leerlo, la segunda,
estaba a menos de cincuenta páginas de haber comenzado. El libro es Plenilunio
de Antonio Muñóz Molina, un autor que me fascina y a quien sigo a través de su
columna Ida y Vuelta en El País de España, la cual me parece fascinante. Desde
la primera vez que la leí me cautivó la voz de Muñoz Molina y su visión del
mundo, pero también de la literatura, del arte, de la sociedad en general.
Siempre he pensado que es el tipo de persona con quien podría pasar horas
hablando y tomando café, y repetiría las cosas dichas en la conversación y
seguiría sus recomendaciones con un contundente, es que mi amigo Muñoz Molina me
dijo.
Pero con este libro me pasó, aunque ya intuía que iba a
estar enganchada y que no lo iba a poder soltar, que narra algo que ahorita me
cuesta mucho digerir. Comencé a sentir una paranoia horrenda, unas ganas de
salir corriendo al cuarto de mis hijos y no salir de allí, unas ganas de
encerrarme en la casa con ellos, no quitarles los ojos de encima nunca más. No
quiero dar detalles, pues creo que la novela vale la pena leerla, sólo voy a
dar el dato de la contraportada, es un crimen horrible, y la verdad ahorita no
puedo con esas cosas. Lo mismo me pasa en el cine, que sufro demasiado lo que
veo y me afecta hasta el punto que tengo que desviar la mirada y a veces
salirme de la sala.
Voy a intentar con otros libros de Muñoz Molina sin duda, tengo un primo
que tiene Sefarad y se lo pediré prestado, y ahora en verano buscaré otro. Sin embargo, creo en el decálogo de Pennac. Creo que
cuando un libro nos afecta demasiado, o no nos gusta, o no nos engancha, o
sucede algo que convierte la lectura en una obligación o en algo mecánico que
uno hace “por hacer”, por satisfacer una obsesión, un tema de crianza o peor,
por decir que leí tal libro o a tal autor, se tergiversa un principio
fundamental tanto de la lectura como de las artes en general, que es la
libertad. Si uno no es libre, uno no puede crear, y la lectura es ante todo un
acto creativo.
La verdad me costó mucho devolver Plenilunio a la biblioteca. Pero me era muy difícil suprimir la angustia. Más adelante podré retomarla. Hay libros que son
para distintos momentos en la vida. Y esto ciertamente me pasó con este.
Le toca el turno a una novela que se llama, Une vie plus
unve vie (Una vida más una vida) de Maurice Mimoun, de la cual Milan Kundera
dijo “Un conocimiento excepcional de la vida, la verdadera novela de un
verdadero novelista”. Ya les contaremos que tal.

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