Lo raro es vivir trata sobre una mujer que intenta vencer sus miedos al
tener que aceptar la muerte de su madre, y asumir su propia vida, con todo lo
que conlleva el peso familiar, un amor lejano que se la aparece de pronto y al
cual se creía aún enganchada, y el dejarse llevar por el que podría ser el
hombre de su vida.
Carmen
Martín Gaite ciertamente enfrenta un tema que hoy en día es para unos una
realidad, para otros casi tabú: amar da miedo. Entregarse da terror, y
la verdad no todo el mundo tiene el valor de hacerlo. En esta sociedad en la
que todo es relativo, nadie quiere arriesgar nada, el egoísmo es la
directriz fundamental en todo y queremos tener un seguro antes de apostarle a
nada, la verdad es que es bien difícil asumir una pareja. Hay mucha infelicidad maquillada de
perfección. Pocas personas lo asumen y le temen realmente a vivir sin
autenticidad, asumiendo la cara opuesta. Es mucho más fácil maquillarse. Lo que
me gusta de este personaje es que al menos intenta hacer el viaje. No digo si
lo logra o no, porque entonces echo a perder la novela.
Lo
que si diré ante este libro es que hay cosas que me parecieron mal explotadas,
con todo el respeto a esta admirada autora. Las referencias al rock, comienzan
por Sade. ¿De verdad? ¿Sade? Después es como que eso se queda allí y no se toca
más. Hay unas referencias a que ella escribió unas canciones, y una de las
canciones se llama lo raro es vivir, pero, la verdad me faltó verlo, aunque no
leamos la letra de la canción, la verdad, me faltó ver de dónde salió toda la
vena rockera. Quizá el problema era mi expectativa, yo quería más música.
Otra
cosa que debo decir que no me gustó demasiado son las alucinaciones del
personaje. Sí ella ve cosas raras. Y es muy extraño porque es algo me pasa. En
realidad me identifico plenamente, y me encanta el tema surrealista, pero creo
que o abordas el libro desde esa óptica o no lo haces, pero siento que cortaba
el ritmo de la novela cuando de pronto metía algo que no estaba sucediendo sino
en el plano imaginario. A lo mejor fue el abuso de este recurso o lo
descaradamente obvio, creo que sólo funcionó en el momento en que ella creyó
ver a su ex tormento, ahí sí funcionó y fue maravilloso, ella ata toda esa
alucinación a un sueño, a lo que tiene delante de sus ojos y ya uno no sabe
bien qué está pasando. Uno se queda con la duda, ¿era él o no? Y además le
grita “¡Eres un asqueroso! – le increpé-. Además no sé cuando me has protegido
ni me has consolado de nada. ¡No eras el del sueño!”
¡Bravo!
Bravo por las escritoras que no ponen a las mujeres a divagar y hacer idioteces
todo el tiempo, una y otra vez, sino que finalmente utilizan su inteligencia,
por más locas, por más intensas, por más soñadoras. Las mujeres inteligentes no
son autodestructivas. ¿Qué tienen conductas que lo son? Bueno hija, como todas.
Es más, quien no ha pasado por ahí debería hacerlo, porque es parte de la vida,
es parte de crecer, es parte de convertirse en mujer, pero eso de enloquecer y
perder los papeles para nunca recuperarlos. No. Eso en esta novela me encantó.
Tal
vez no la obra magistral de Carmen Martín Gaite, pero está espectacularmente
escrito, tiene una estructura fácil y unos fragmentos dignos de esa gran
escritora que fue. Quizás más que rock, lo que si tiene este libro es
referencias al cine, como bien dice la protagonista “Y ya bajo el chorro de la
ducha, que siempre me inspira, seguí sacándole punta al circuito incesante que
se establece entre el cine, los sueños, las normas de conducta y la
interpretación de la realidad”.
“- A
veces pienso –reflexioné en voz alta- que se miente por incapacidad para pedir
a gritos que los demás te acepten como eres. Cuando te resistes a confesar el
desamparo de tu vida, ya te estás disfrazando de otra cosa, le coges el
tranquilo al invento y de ahí en adelante es puro extravío, no paras de dar
tumbos con la careta puesta, alejándote del camino que podría llevarte a saber
quién eres”.

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