4. El derecho a re-escribir el cuento. A inventar personajes, cambiar el rumbo de la historia, inventar todos los finales que quiera.
La
lectura es un acto creativo. A través de lo narrado vamos construyendo imágenes
que se recrean en la mente, a veces como películas, otras como fotos, otras
como sueños. Muchas veces el lector presiente el final de una historia, incluso
asegura saberlo, se reconoce en un deja vu o decide que su versión es mejor a
la del autor. Dejar que un niño use su imaginación y se descubra co-autor de
una obra es enseñarle que cuando lee es como si tuviera alas.
Además es clave dejar que el niño nos haga todas las preguntas
que quiera sobre la historia. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué la cara de un
personaje es así? Y debemos responder con paciencia y respetar sus comentarios.
Algunos niños a veces no se muestran conformes con una historia. O porque les
da miedo, les genera angustia o porque sencillamente no se identifican.
Escuchar
su opinión y dejarlos apropiarse de los libros es fundamental para que ellos
descubran el acto creativo de leer, y para que incorporen la historia a su
propia vida. Al igual que nosotros ellos irán generando sus gustos, y si tal
vez un libro no les gusta hoy, mañana seguramente lo verán de otra forma, o
interpretarán su contenido de una manera diametralmente opuesta. Dejar que los
niños se apropien de la historia, no es un solo en ejercicio de creatividad y
de desarrollo de la inteligencia. Es también un acto de respeto.

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