Aquí les dejo un fragmento de este artículo de Manuel
Rodriguez Rivero: Abismos del amor y otros entusiasmos, que habla sobre la
novela de Junio, Los Enamoramientos de Javier Marías. Para leer el artículo
completo pueden acceder al link, allí se hace mención a otras obras que quizás
sean de interés. Sin embargo, me pareció interesante lo que dice sobre este el
libro que estamos próximos a discutir.
“Con la última novela de Javier Marías (Los
enamoramientos, Alfaguara) me ha vuelto a ocurrir. Conste que, después del tour
de force de Tu rostro mañana (2002-2007), me sentía predispuesto a
disculpar probables desfallecimientos en un libro que suponía
"menor". Y, de hecho, sentí cierta impaciencia en las primeras
páginas por lo que califiqué (demasiado pronto) para mis adentros de
manierismos mariescos, una especie de sensación de déjà lu que atribuía
a una voz que me resultaba conocida (aunque de otro género), a la
característica alternancia de fragmentos reflexivos o intensos y otros más
ligeros o humorísticos, a la presencia de estilemas y manías que me resultaban
familiares. Hasta que, de repente, y por puro efecto acumulativo, la narradora
de Marías consiguió arrastrarme en un implacable flujo verbal que, a medida que
avanza, se llena de resonancias y pliegues, de referencias (literarias) a otras
historias que actúan como vibrantes ecos de la que va contando, en la que la
peripecia (más bien interior, como en una especie de thriller
filosófico) se despliega a partir de la conciencia de una mujer atrapada (y no
es la única) en el laberinto moral del amor. Novela de escasos personajes
(apenas cuatro principales), destilada e intensa, y es que, como Bernhard,
Marías concentra su relato en lo que resulta esencial, de modo que, poco a
poco, el lector descubre que ninguna anécdota es superflua y que, a medida que
avanza, van atándose cabos aparentemente sueltos, iluminándose
retrospectivamente a lo largo de esta historia de amor y crimen en la que
reaparecen (teñidas de un tono más pesimista) las obsesiones del autor: la
lealtad y la traición, la imposibilidad de conocer algo con certeza, la
frecuente impunidad del mal, el regreso (anhelado al principio, y luego temido)
de los que nos dejaron o abandonaron, la mezquindad y abyección de las que son
capaces los amantes. Y todo ello salpicado aquí y allá por la panoplia de sus
trucos habituales: homenajes, guiños de ojo, leves bromas irónicas y
autobiográficas, suaves ajustes de cuentas (y alguna pequeña fobia),
referencias o burlas a determinadas situaciones, personajes o comportamientos
de ahora mismo. Por lo demás, me puse a leer la novela el jueves por la tarde y
la acabé al día siguiente. Y, créanme, llevo desde entonces enfadado conmigo
mismo por no haber podido racionarme la lectura para hacerla durar más tiempo. Quizás
ninguna novela ha cambiado nunca la vida de nadie. Pero, afortunadamente,
todavía se escriben algunas que consiguen hacernos disculpar -aunque sólo sea
por unas horas- esa lamentable limitación.”

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