En
Nudo de Víboras Louis, el protagonista, comienza un escrito imaginando que su
esposa lo encuentra después de su muerte. Busca explicar a la mujer que fue su
compañera durante casi medio siglo de matrimonio, sus verdaderos sentimientos e
intenciones, durante todo el tiempo que vivieron juntos, y qué pasaba por su
mente durante los últimos meses de vida.
Es
un canto de amargo resentimiento, tan duro, que uno como lector tiene la
sensación de estar escuchando a un viejo que desperdició su vida, que no amó, y
que no fue amado, que vivió en una guerra constante, marginado de los suyos,
pues sus reproches van dirigidos también a sus hijos, sin que el nexo paterno-filial
sirva de atenuante a ninguno de los actos que el considera viles, egoístas y
materialistas.
Louis
y su esposa Isa compartieron medio siglo en que vivieron “…sin rencontrarnos,
salvo en los gestos rituales donde los cuerpos reaccionan por costumbre, donde
un hombre y una mujer están a mil leguas de su propia carne”. Una “era de gran
silencio”, basada en la confesión por parte de ella de un primer amor, que él estimó como suficiente para poner en duda
la autenticidad de los sentimientos que la habían llevado a ella, a aceptarlo como esposo.
Poco
a poco, a través de anécdotas y
recuerdos, Louis va narrando su vida en común, desde que se conocieron y se
enamoraron, luego cuando Isa le hizo confesiones que el consideró casi
crueles, y cómo desde entonces surgió en él la duda que le carcomió la vida: si
ella realmente lo amó. El resentimiento y la distancia con su mujer traspasó
a su relación con sus hijos, con sus nietos, con su familia política. Louis desnuda sin ningún pudor su avaricia, su
amor por el dinero, y su propósito de obtenerlo y guardarlo a fin de
garantizarse el poder sobre su familia. Además nos deja ver sus inseguridades,
sobre todo en el aspecto físico. Un miedo que arrastra desde la infancia, el no
saber cómo amar, ni qué es verdaderamente el amor, y no haber sabido prolongar
con Isa la relación que tenía con su madre.
Ya
en el final de su vida, el centro de la vida de Louis es una batalla familiar por
la herencia que ha de dejar al morir, y que viene a ser también el centro o el
terreno de descarga de los grandes vacíos afectivos de estos personajes que
jamás aprendieron a quererse, a comunicarse, envenenados por las víboras de
Louis cuyo veneno lo consumió y que inoculó a sus hijos.
Este
es un libro que en un primer momento se nos presenta como una declaración de
odio, como el ferviente deseo de causar un daño luego de la muerte, pero es
también el grito desesperado de un hombre que vivió encerrado en su miedo, que
lo llevó al resentimiento, al rencor, a la rabia de no saber cómo expresar su
amor, frente a la duda de no saberse amado.
Nudo
de víboras termina siendo una declaración de amor propio, un viaje donde Louis
se da cuenta que lo que vemos en los demás es el reflejo de nuestros propios
sentimientos. Que proyectamos aquello que sentimos, y que cuando estamos
asustados y nos sentimos vulnerables, preferimos pensar y creer siempre lo
peor.
Sin
embargo la novela también tiene un profundo aspecto social, pues nos abre las
puertas a una familia burguesa, llena de contradicciones, en la que se ve la
doble moral, tan arraigada en sus personajes, que incluso buscan la forma de
amparar bajo la moral los más viles sentimientos.
Además
hace Mauriac críticas fuertes a otra institución principal de la burguesía: la
iglesia, el divorcio que hay entre la formalidad de los ritos y de la
espiritualidad, presentando en el personaje principal a un hombre que llega a
su Fe a través de un viaje espiritual, frente a quienes más bien se amparan en
la religión a la que pertenecen para actuar, para darle un soporte a su
consciencia frente a cualquier tipo de acción, tanto la buena, como la mala.
Incluso, quizás una de las partes más graves es el tema del perdón, pues es
parte del viaje de Louis, cosa que no todos los personajes llegan a hacer, y
que forma parte fundamental central del rito Católico.
Nudo
de víboras además es una lectura sencilla, sin galimatías, directo, a veces
mordaz, sarcástico, Mauriac despliega todas las armas de un escritor
inteligente, que sabía lo que quería decir, que sabía lo que quería generar en
el lector, sin traicionar jamás el compromiso con las bellas artes, con la
poesía, haciendo a veces símiles de extraordinaria belleza, y yuxtaponiendo los
vaivenes de la historia al clima que rodeaba a los personajes.
Esta
es de las novelas más bellas que he leído, y más emocionantes que he leído
desde el plano sentimental. Es de los viajes más profundos que he hecho junto a
un personaje, pues los cambios que se dan en él vienen de sí mismo, y porque al
final a pesar de que no logra su objetivo, con toda la humildad que denota a
los grandes corazones, se da permiso para una de las cosas que más cuesta al
ser humano, y que a veces la causa de grandes tragedias, incluso la de este
hombre, que desperdició el amor de su vida a cusa de ello: reconocer que se
había equivocado.
Una
obra maestra. Sin duda un libro necesario.

Acabo de terminar el libro y debo admitir que me vi conmovido en varias postas de ese viaje de redención y espiritualidad que emprende Louis. Me ha quedado una duda, sin embargo, respecto a lo narrado la noche de la muerte de Louis: entiendo que la epifanía que relata es sobre la aceptación de la enorme culpa que siente por la muerte de su hija a la vez que toma una postura indulgente con ello, pero no termino de entender el significado de la escena ¿Cual es tu opinión?
ResponderEliminarSaludos!